PARROQUIA DE COLALAO DEL VALLE

PARROQUIA DE COLALAO DEL VALLE
Casa y Templo parroquial Ntra. Sra. del Rosario

sábado, 2 de julio de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (14° TO "A")

LA HUMILDAD ES HABITAR
EN LA VERDAD
(Mt 11, 25-30)

Podemos decir que el tema de las lecturas de hoy es la humildad; y desde luego, también su contraria, que es la soberbia.

Jesús nos invita a seguir su ejemplo de mansedumbre y de humildad. Y la lectura del profeta Zacarías, ya miraba con anticipación a Jesús como el rey humilde que escoge para entrar en la Ciudad Santa no el ruido ni la imponencia de un gran corcel, un caballo de guerra, sino la sencillez de un burrito, un animal de carga. Un hombre cercano a la casa y a la historia de los los pobres.

Así pues, tenemos que hablar de la humildad. Y lo primero que uno se pregunta es si uno está autorizado para hablar de humildad. Cuántas veces nosotros los sacerdotes nos desautorizamos para hablar de las virtudes, por ejemplo, para hablar de la humildad. ¿Cuántas veces habré contradicho yo esta virtud tan santa y tan necesaria? Por otra parte, ¿cómo enseñar, cómo predicar la humildad? Vivimos en un tiempo en el que prácticamente se ha canonizado al orgullo, y eso como que tiene sus ventajas hasta cierto punto, porque si una persona se siente orgullosa de lo que está haciendo, seguramente lo hace con más cariño, lo hace con más ganas.

¿LA HUMILDAD?
O sea que el tema de la humildad no es tan fácil, por esas dos razones. Primera, porque ¿en dónde encontraremos humildes que nos puedan predicar? Quizá yo mismo estoy desautorizado por muchas cosas, pero tengo que decir que tampoco conozco mucha gente autorizada. Y en segundo lugar, es difícil hablar de la humildad, porque la humildad tiene rostro como de complejo, una persona que está disminuida, una persona que oculta lo que puede hacer, una persona que esconde las capacidades, las cualidades que tiene. ¿Y así cómo va a haber liderazgo? ¿Y así cómo va a cambiar un pueblo? ¿Y así cómo se va a levantar un país? Y sin embargo hay que predicar sobre la humildad.

QUÉ NO ES SER HUMILDE?
Lo que nos enseñan estas reflexiones iniciales es que tenemos que cambiar nuestra idea de la humildad. La humildad no es una especie de timidez, porque una persona puede ser muy tímida y puede ser muy soberbia. Desde su timidez tiene una barrera, y desde esa barrera mira así al universo entero y juzga y condena. Una persona puede ser muy calladita, muy tímida y una montaña de soberbia. Así que humildad no es lo mismo que timidez. Humildad tampoco significa complejo de inferioridad. "A mí no me pregunten", "yo no sé", "yo no puedo", "que otro lo haga". De ese complejo de inferioridad se burló hasta la saciedad, se burló cruelmente un filósofo alemán, al que aludo con frecuencia, porque ese hombre marcó la historia del siglo XX, ese señor se llama Friedrich Nietzsche. Nietzsche se burlaba sangrientamente de la humildad de los cristianos, y decía: "Moral de acomplejados, "moral de esclavos", "moral de hipócritas". Estas dos, "moral de esclavos" y "moral de hipócritas", vienen del mismo Nietzsche. Nietzsche se burlaba de ese complejo de inferioridad, que si Cristo hubiera padecido ese complejo de inferioridad, no hubiera salido de Nazaret; hubiera dicho: "Yo como soy humilde, entonces yo aquí sigo el oficio de José, y yo aquí escondido..." La humildad no es complejo de inferioridad, ni la humildad es el simple ocultamiento, ni la humildad tampoco es otra cosa que a veces sirve de confusión: estar uno como recargado con un pasado, vivir uno recargado con lo que hizo en el pasado, y a veces hay gente en la familia o en la pareja que es experta en recordarle a los demás: "Usted no diga nada, porque usted..., porque usted..., y porque usted....", es decir, a hundir al otro con el peso del pasado. Eso no es humildad.

¿QUÉ SERA LA HUMILDAD?
Hay una frase que todo predicador tiene que citar, entonces yo la tengo que citar, la dijo Santa Teresa de Jesús: La humildad es un modo particular de habitar en la verdad, y la única manera que conocemos de crecer en la verdadera humildad es acercarnos a la verdad. O si se me permite tomar prestada una expresión de las ciencias jurídicas, es encaminarnos, es orientarnos hacia la verdad verdadera.

Me dicen que en el Derecho se utiliza esa expresión, porque cundo llegan a un juzgado cada uno tiene su verdad, ¿no? El acusado tiene su verdad, el testigo tiene su verdad, el fiscal tiene su verdad. Pero hay una verdad que es la verdad verdadera. Y la humildad parece que va por ahí. Es la búsqueda apasionada de la verdad verdadera, del fondo de verdad de los que nosotros somos, y de ese fondo de verdad surgen, como perlas preciosas, una serie de grandes luces que nos ayudan a descubrir el rostro hermosos de la humildad.

sábado, 25 de junio de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (CORPUS CHRISTI "A")

"EL ALIMENTO Y LA BEBIDA QUE NECESITAMOS COMER Y BEBER"


Cuerpo y Sangre de Jesús, alimento de vida y salvación.
Hoy celebramos una festividad que desde 1264, por disposición del Papa Urbano IV, tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud. Es el culto público y solemne donde el creyente católico de estos lares testimonia la verdadera y real presencia de Jesucristo en la Eucaristía. La Eucaristía, la hostia consagrada en la Misa, es Jesús entre nosotros. Él camina y está en nosotros. Aquella expresión “si Dios está quién con nosotros quién contra nosotros” cobra su verdadero valor en el Santísimo Sacramento del Altar, en la Comunión. La Iglesia cree y anima a creer en esta verdad enseñada por el mismo Cristo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”.
La Iglesia, y por tanto, cada uno de nosotros, vivimos de la Eucaristía. El mundo y nuestra sociedad en cada una de sus instituciones, deben reconocer que también viven de y por la Eucaristía.
    Qué lástima que la gran mayoría de los católicos, especialmente aquellos que ejercen gran influencia en la Iglesia y la sociedad, no sienten hambre y sed del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Qué engaño el pensar que se puede entrar en comunión con Dios solamente rezando, siendo buena persona y amigo. Para entrar en comunión con el Padre, Hijo y Espíritu Santo sólo existe un camino gratuito y accesible: la Eucaristía, el Santísimo Sacramento del Altar, la Hostia consagrada en Misa. Qué dolor al escuchar decir que los que recibimos habitualmente la Eucaristía somos iguales o peores que los que escasamente, o nunca, reciben este Sacramento. Qué preocupación el ver todos los años a cientos de niños y niñas que reciben por vez primera a Jesús en el día de su Comunión y después muy pero muy rara vez. Y qué decir de los más grandes, los que se preparan para Confirmar su Fe o los jóvenes y adultos que ya no están en la catequesis; son muy pero muy pocos los que siguen recibiendo la santa Comunión y confesándose.  Jesús dice: “mi Carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida”. Estas no son palabras simbólicas o comparativas; expresan la voluntad de Cristo. Hay que ir creciendo día a día, experiencia tras experiencia en el hambre y sed de esta Sagrada Comida y Bebida.
       Nuestro cuerpo necesita comer y beber todos los días; este comer y beber va acompañado de un gusto y placer al punto que nos excedemos en este comer y beber. El excedernos en el comer y el beber trae una serie de problemas al cuerpo. El alma necesita alimentar y beber en el conocimiento, la educación, cultura y el esparcimiento. Aquí también el exceso hace mal. Los que sólo se dedican a estudiar y nada más eso les preocupa, dejan de lado otras cosas muy importantes y necesarias: la familia, su fe, la caridad y solidaridad. Así también los que se dedican a esparcir, descansar y relajarse, cuando caen en su excesiva práctica, se encuentran con problemas para la laboriosidad, la exigencia, la renuncia y el sacrificio. Ante lo que les presento, no hay que olvidarse que tenemos espíritu y no sólo cuerpo y alma, como el animal. Este espíritu debe comer y beber. Su comida y su bebida es Jesús Eucaristía. A Ella preparan la oración, la Palabra de Dios que alimentan y fortalecen la fe y la esperanza. De este Alimento provienen los frutos de la caridad. Así lo dice Jesús en el Evangelio hoy proclamado: “les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes”.
       ¿Qué condiciones son necesarias para recibir a Jesús en la Eucaristía? Repetiré lo que nos han enseñado en nuestra preparación de catequesis, hace poco o hace mucho: 1°- Estar en gracia de Dios (no tener pecado grave o mortal); 2°- Saber a quién se recibe (qué es, quién es y para qué es); 3°- Acercarse a recibirlo con fe y devoción (no hago fila para cobrar el sueldo, entrar a algún lugar, recibir un premio o diploma); 4°- Guardar una hora de ayuno (no haber comido ni bebido nada en ese lapso hasta comulgar, salvo agua o remedios). Mirando estas condiciones no hace falta decir quién puede y quién no puede ni debería recibirlo. Si alguien tiene dudas, sobre si está recibiendo como debe la Eucaristía o si esa situación en la que está le permitiría o no recibir la Eucaristía, ello es algo que hay que hablar personalmente. Yo no quiero entrar en los dimes y diretes que no hacen sino confundirnos más y pecar por exceso o por defecto. Solo les quiero decir que no caigamos en la actitud de los fariseos ni de los laxos o relajados. Los fariseos pueden decir que hemos de tener la pureza, humildad y disposición de la Virgen María y si no estamos así no podemos comulgar; los laxos o demasiado relajados dirán que no hay que ser tan estrictos ni delicados. Por tanto siguen la regla del mínimo esfuerzo y la libertad mal entendida. Hermanos y hermanas, sigamos las clásicas condiciones para recibir a Jesús Eucarístico. Formemos diligentemente nuestra conciencia para saber si estamos o no en pecado grave o mortal; crezcamos día a día y experiencia tras experiencia en el amor y devoción de este Sacramento; sigamos guardando la hora de ayuno porque Jesús es la verdadera comida y la verdadera bebida.
      Que esta solemnidad que celebramos nos ayude a recordar que Jesús sigue siendo el Pan de Vida y Bebida de Salvación; que la Eucaristía es luz y vida de nuestra familia; que Ella hace a la unidad de todos; que Ella nos dará la fuerza, valor y gracia para superar nuestro pecado. ¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar…!

sábado, 21 de mayo de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (5° PASCUA "A")

CAMINO POR JESUS PARA TENER VIDA NUEVA Y ALCANZAR LA VERDAD
(Jn 14,1-12)
Caminando por Cristo muchas veces nos desesperamos porque la caminata se hace larga e interminable. Jesús nos dice en la oración diaria "no se inquieten...". Las dificultades, los gajes del oficio, nos tiran para atrás y entonces en el Camino, nos detenemos, nos salimos de él y vagamos por oscuros senderos y pasadizos que nos alejan de el Camino.
Estos desvíos, podemos pensarlos así:  nos quejamos de que no estamos donde querríamos estar, ni trabajamos donde querríamos trabajar. Surge en nosotros insatisfacción por causa de la inadaptación en el trabajo y, en todo caso, el grado de satisfacción es para muchos mínimo o nulo. ¿Por qué esto? Pasa que muchos caminamos y corremos sin parar de acá para allá, y lo más triste es que no sabemos si nuestro camino es el acertado... Tal vez, mejor sería detenernos un poco, adorar al Señor en el Sagrario y orar serenamente.

En este Evangelio, Jesús nos revela algunas verdades profundas de su identidad que nos ayudan a perseverar en el Camino. En este camino podemos estar seguros que llegaremos a cubrir el deseo de todo hombre: "ver a Dios cara a cara".

Pensemos: Nosotros, a menudo decimos seguir al Señor, y no estamos mintiendo; pero... tal seguimiento podría ser sólo a nivel intelectual y conceptual. Esto es debido al hecho que no dejamos sedimentar en nosotros su Palabra, no la dejamos germinar a travéz de la oración, pero sobre todo no nos hacémos disponibles, a fin de que, regenerados por los sacramentos, Cristo se haga presente a travéz de nuestra humanidad. ¿Cómo oramos? ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué nos confesamos? ¿Por qué queremos recibir el Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesús?

Jesús es de verdad nuestro Camino, Verdad y Vida: Renovemos nuestro amor y fidelidad al Señor que nos ha llamado en tal lugar y con tal trabajo... tengamos confianza en Él.

Les regalo esta oracion que se puede hacerla una y varias veces en la semana:

Señor:
Enséñanos a mirar al cielo.
Enséñanos a gustar las cosas de arriba.
Enséñanos a guardar tus palabras.
Enséñanos a anunciar tu mensaje.
Enséñanos a sentir tu presencia viva.
Enséñanos a reunirnos con los hermanos.
Enséñanos a extender tu Reino.
Enséñanos a no vivir cruzados de brazos.
Enséñanos a rastrear tu presencia.
Enséñanos a escuchar a tu Espíritu.
Enséñanos a recorrer tus caminos.
Enséñanos a esperar tu venida gloriosa.

domingo, 15 de mayo de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (IV° PASCUA A)

DOMINGO DEL BUEN PASTOR SIGNIFICA DOMINGO DE LAS BUENAS OVEJAS
(Jn 10, 1-10)
A Jesús le gustaba partir de las costumbres y experiencias de sus oyentes para comunicar su mensaje. Este relato del buen Pastor es una de las mejores muestras de ello.



La imagen que Jesús presenta ahora "a los fariseos" supone un redil en el campo hecho con muros de piedra o con una simple empalizada de madera, en el que se guardaban por la noche las ovejas de varios pastores. Un guardián, que hacía al mismo tiempo el oficio de portero, velaba durante la noche para defender los rebaños de posibles robos, mientras los pastores solían retirarse a descansar a una tienda. Si los pastores tenían que ir al aprisco, entraban por la puerta que les abría el guarda; en cambio, el que iba para robar o para vengarse en las ovejas de su vecino, lo hacía calladamente saltando la cerca. Por las mañanas los pastores iban en busca de sus respectivos rebaños entrando por la puerta que les abría el vigilante.

Espabilaban a sus ovejas con sus llamadas características, y éstas acudían al reconocerlas. Era frecuente que las llamaran por sus nombres. Todavía en la actualidad hay pastores que dan nombres, al menos, a los principales animales de su rebaño. Una vez reunidas en torno suyo, las sacaba fuera y se ponía delante de ellas, a diferencia de Occidente, en que los pastores suelen ir detrás. De tiempo en tiempo les lanza un grito agudo para que ninguna se desvíe. Ellas, que conocen su voz, le siguen. Pero si un extraño lanza el mismo grito, se paran y levantan las cabezas alarmadas, al no conocer la voz del extraño... Los oyentes de Jesús tenían en la mente todo este cuadro cuando les contaba este relato.

PARA QUE NOS MIREMOS, LOS PASTORES Y LAS OVEJAS:


  1. "El que entra por la puerta es pastor de las ovejas". A Jesús le preocupan las personas, vive para su servicio. Por eso es pastor legítimo. Vino a servir al hombre, jamás a servirse de ellos. Entrar por la puerta significa imitar el modo de actuar de Jesús, ser signo en el mundo de su presencia y de sus actitudes a través de un servicio desinteresado a los hombres.
  2. El verdadero pastor de ovejas conoce a todas y a cada una de las suyas. Jesús parte de esta realidad para decirnos cómo es su relación con nosotros. Afirma que nos conoce a cada uno por el nombre, que tiene de nosotros un conocimiento amoroso. Nos conoce a cada uno de nosotros mejor que cada uno de nosotros se conoce a sí mismo. Un conocimiento amoroso que implica un profundo respeto hacia todos y cada uno de los hombres. "Conocer por el nombre" significa invitarnos a cada uno a desarrollar las propias capacidades y a ponerlas libremente al servicio de los demás.
  3. La Iglesia, la comunidad cristiana no es una masa de gente anónima manejada por un "líder" lejano. Es un pueblo, una familia. En ella, las relaciones con Jesús y de unos con los otros tienen que ser personales para que sean verdaderas. Es nuestra vida entera, tal como es, la que debe entrar en relación con Jesús y con los demás. Una relación personal que nos hace personas responsables.
  4. La sociedad tiende a convertirse y a convertirnos en una masa cada vez más anónima, dejándonos profundamente insatisfechos: no somos amados por nosotros mismos; somos una simple cifra en clase, en el trabajo, en la seguridad social... No existe la relación de amistad.
Jesús nos valora, nos ama y nos libera a cada uno de nuestra soledad y de nuestro individualismo. La Iglesia debe tender a convertirse en una comunidad de comunidades personales y personificadoras, en una familia de familias, si quiere ser fiel a su maestro. -"Y las saca fuera". Jesús quiere que salgamos de nuestra inmadurez y de todo lo que nos impide ser nosotros mismos. Por ello, su misión de pastor enviado por Dios consistirá en sacar de la institución judía a los que respondan a su llamada, para crear con ellos su nueva comunidad. Una vez fuera, "camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz". El verdadero pastor camina delante, abriendo horizontes a los suyos, dando ejemplo. Es el primero en enfrentarse con el peligro, el primero en dar la vida cuando se trata del bien de los demás.




domingo, 24 de abril de 2011

¡LA FIESTA DE LAS FIESTAS!

TU PARROQUIA TE DESEA FELIZ PASCUA DE RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



¡GRACIAS, SEÑOR, POR DARNOS NUEVA VIDA! ¡GRACIAS POR SIEMPRE! ¡TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS Y TE GLORIFICAMOS POR TU RESURRECCION, SEÑOR!

domingo, 17 de abril de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO DE RAMOS "A"

TRES DETALLES PARA MEDITAR Y APLICAR EN NUESTRAS VIDAS
(Mt. 26, 3-5. 14--27,66)

Hermanos, la Pasión misma de Cristo es una gran predicación, es la predicación por excelencia. Ese es el mensaje, esa es la noticia, esa es la gran noticia del amor. En ella, en la Pasión de Cristo, vemos resonar con fuerza infinita la palabra amor. Amor es lo que brota por los poros de Cristo en forma de gotas de Sangre. Amor es lo que nos dice su boca silenciada a fuerza de violencia. Amor es lo que está proclamando su cabeza, por amor a nosotros coronada de espinas. Y su Cuerpo entero, extendido y desgarrado en la Cruz, es un poema de amor, es una declaración de amor.

La Pasión según San Mateo, tiene algunas particularidades, y quisiera detenerme un instante en esos rasgos que son los específicos de Mateo: son tres.

Primero, como hemos oído, Mateo es el único entre los Evangelistas que nos cuenta el terrible desenlace de Judas Iscariote. Un desenlace que nos entristece, pero que al mismo tiempo nos advierte sobre la gravedad de lo sucedido; un desenlace que sin embargo, no nos permite, no nos autoriza a formular un juicio último sobre la persona de Judas Iscariote.
Al fin y al cabo, como decía un predicador, de los Apóstoles fue él, fue Judas Iscariote, movido por la desesperación, quizás, pero fue él, quien expresó más claramente ante los sumos sacerdotes, quién era Jesús: "Es un inocente, es un justo. He hecho una obra mala" San Mateo 27,4. Y de alguna manera trató de deshacerla.
Por eso, ese acontecimiento, ese suicidio del Iscariote, a pesar de su terrible gravedad, todavía no nos autoriza a cerrar para siempre la puerta de la misericordia sobre la vida de este hombre. Sólo Dios sabe qué haya sucedido en él, pero ahí está esa enseñanza para nosotros.


La segunda particularidad que tiene el evangelio según San Mateo, es ese versículo en el que la esposa de Poncio Pilato le manda decir: "No te metas con ese Justo. He sufrido mucho en sueños por Él" San Mateo 27,19, una frase que tal vez ha pasado inadvertida en medio de toda la lectura que hemos oído, pero ahí está en el evangelio de Mateo.
Y es significativo, porque los autores que conocieron a Pilato, o que saben de la vida de Pilato, nos dicen que él era un hombre sanguinario, un hombre celoso de su poder, un hombre conflictivo y también un hombre supersticioso. Por lo tanto, un hombre dado a creer en augurios, premoniciones, sueños y cosas parecidas.
Y en este caso es la esposa de Pilato la que le manda decir: "No te metas con ese Justo" San Mateo 27,19. Uno siente como un escalofrío de pensar, que hasta el último momento y por el último recurso, estaba Dios advirtiendo a Pilato de la situación.
Recordemos que es también el Evangelista Mateo el que nos cuenta, -y es el único que lo hace-, aquel relato de los Magos de Oriente, unos sabios de Oriente que recorrieron un largo viaje para llegar a donde Jesús, guiados por una estrella. Seguramente esos magos o sabios de Oriente eran astrólogos, y se pasaban las noches mirando las estrellas, buscando ahí alguna explicación para el sentido de su vida y el sentido de la historia. Y Dios se valió de éso, que seguramente no es el camino principal para mostrar su voluntad. Dios se valió de esos fuegos celestiales, de esas luces en el cielo, para guiar a estos astrólogos. Es decir, Dios incluso se adaptó a esa manera, a esa búsqueda que ellos tenían, para guiarlos hacia Jesús.
Aquí vemos en el caso de Pilato algo parecido. Pilato es un hombre supersticioso, y Dios se adapta a esa manera de ser de Pilato y trata de enviarle un último mensaje, podríamos decir: "Mira, es un Justo. Te lo digo en tu propio lenguaje, -es un Justo-, en el lenguaje que tú puedes escuchar, porque no has querido escucharlo ni siquiera a Él. En ese lenguaje que a ti te interesa, el de la superstición y el augurio, en ese lenguaje te digo, es un Justo".
Y sin embargo, triste cosa, tuvo más poder la codicia de su autoridad o el temor a desairar a las autoridades judías. Tuvo más peso éso, lo que es una lección para nosotros en medio de lo triste que resulta. Porque nos enseña cómo Dios agota hasta el último recurso, Dios hace hasta lo último por tratar de tocar nuestro corazón.
Se parece a lo sucedido con Judas. Lamentablemente, sabemos cómo sigue el relato. Pilato no se ablandó, ni aunque Dios le hablara en su propio lenguaje. Pilato permaneció en su actitud, prefirió la conveniencia, escogió la política y la buena relación con estas autoridades judías. Se endureció, y la condena de Cristo se realizó.
Pero lo mismo que en el caso de Judas, tenemos que decir: "No cerremos, -porque no somos quién-, no cerremos definitivamente la puerta de la misericordia". Sólo Dios puede saber qué haya sucedido en el caso de este hombre, que no quiso escuchar ni siquiera cuando Dios le habló en su propio lenguaje.

Y la tercera particularidad que tiene el evangelio de Mateo, está en el momento mismo de la Cruz. Los tres Evangelistas, llamados Sinópticos; es decir, Mateo, Marcos y Lucas, nos presentan esa dolorosa escena de los insultos que Cristo tuvo que soportar en la Cruz.
Juan es más discreto y silencia esta parte. Pero es interesante ver cómo cada uno de los Sinópticos nos presenta ese insulto, ese oprobio, de una manera distinta. En el caso de Lucas, el insulto que le dirigen a Nuestro Señor es: "Si eres el Rey de los judíos, ..." San Lucas 23,37. En el caso de Marcos es: "Si eres el Rey de Israel, si eres el Cristo,..." San Marcos 15,32. Y en el caso de Mateo, como lo acabamos de escuchar, es: "Si tú eres el Hijo de Dios, ..." San Marcos 27,43.
Hay una particularidad en esta manera de herir a Cristo. Si nosotros nos vamos al capítulo cuarto del mismo evangelio de Mateo, encontramos que Satanás, cuando quiere tentar a Cristo, le dice precisamente: "Si tú eres el Hijo de Dios,..." San Mateo 4,3; San Mateo 4,6.
De manera que los oprobios que padeció Nuestro Señor en la Cruz, tienen la huella, tienen la garra de Satanás. Así como en el momento del desierto, Satanás pretende ganar terreno en Cristo, diciéndole: "Si tú eres el Hijo de Dios,..." San Mateo 4,3; San Mateo 4,6, así también en la hora de la Cruz, que es el desierto de los desiertos, que es la soledad de las soledades, llega la tentación por encima de toda otra tentación: "Si tú eres el Hijo de Dios,..." San Mateo 27,43, le dicen los que están ahí.
¡Pero atención! Podemos decir: Más que ellos, más que lo que ellos estuvieran diciendo, era el mismo Satanás el que hablaba por esas bocas, y el que allí renovaba el combate que había perdido en la hora del desierto.
¡Qué importante para nosotros comprender que la Cruz es como el segundo capítulo de esa obra tentadora de Satanás, que tuvo su primer capítulo en el desierto! Ahí está Satanás, buscando todavía la victoria y buscándola con el mismo título.
Pero, ¡bendito sea Dios! ¡Gloria a Dios! Ahí está Jesús de nuevo venciendo, Jesús más unido que nunca a la voluntad del Padre, Jesús entregado al amor del Padre, Jesús obediente al Padre, y en obediencia al Padre, amoroso y salvador de todos nosotros.

Y este es el mensaje grande de la Cruz; este es el mensaje grande de la salvación. Bendigamos a Nuestro Redentor, alegrémonos en Nuestro Salvador. Regocijémonos, porque la noticia del amor ha sido pronunciada sobre nosotros y es más fuerte que la noticia del odio y que la noticia de la muerte.


sábado, 2 de abril de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (4° CUARESMA "A")

EN VERDAD... ¿VEMOS?
(Jn 9, 1 - 41)
EN VERDAD, ¿VEMOS?
El Evangelio de hoy es muy iluminador para los ojos de nuestra fe. Muchos de nosotros gozamos de una visión buena; no obstante es necesario cuestionarnos si de verdad nuestros ojos ven. Sí, de ver ven, pero eso también hacen los ojos de los animales, más ellos no gozan de algo más pleno que el simple ver.

Te comparto este texto que encontré leyendo por ahí: «Las cosas nos rodean y nos fascinan. Las necesitamos y las adoramos. Nuestros ídolos personales. Somos insaciables. Hacemos un fin de lo que es un medio. No vemos en ellas el secreto que encierran. Porque las cosas no son solamente algo para usar, consumir o almacenar. Las cosas, para el que sabe ver, son una especie de sacramento. “Hay más de Dios que de agua en cada gota de agua” decía Pascal. A las personas las vemos y las tratamos tan superficialmente que las convertimos en cosas. Otras veces la persona un número o un voto. Un ser anónimo. Otras veces es un rival a vencer o un enemigo que aplastar».

Jesús se autoproclama en el Evangelio de hoy: SOY LA LUZ DEL MUNDO. Nuestros ojos sólo pueden ver si tienen luz; ¿no será que nos está faltando esa LUZ a nuestros ojos para que de verdad puedan ver? Para meditarlo, masticarlos, digerirlo y dar una respuesta…

Te comparto un lindo comentario. «El Evangelio de hoy nos presenta a un ciego de nacimiento. Oscuridad total. Sólo de oídas conoce la luz. Sólo por el tacto conoce las cosas. Sólo por la palabra conoce a las personas».
  • «Al pasar Jesús vio a un hombre ciego». Ese paso no era casual; estaba ya preparado desde toda la eternidad. La iniciativa de la salvación parte de Jesús. El ciego no podía ver a Jesús. No es el ciego el que pide la luz. Es la luz la que se ofrece al ciego. La luz que se acerca a las tinieblas.
  • «Le untó en los ojos con barro». Nos pone delante de nosotros nuestros pecados. Extraña medicina. Para curar la ceguera le embarra los ojos; al que está en la tiniebla una nueva dosis de oscuridad. Dios actúa salvíficamente en el culmen de la crisis: más dolor al enfermo, más fracaso al humillado, más oscuridad al problematizado. Cuando se llega al límite de la desesperación, ahí actúa Dios.
  • «Lávate en la piscina de Siloé». No es un agua cualquiera. Es el agua del Enviado. Es el agua que brotará del corazón de Cristo. Es el agua del Espíritu y la piscina es la iglesia. Lavarse en la piscina de Siloé, es sumergirse en Cristo en el seno de la comunidad. Lo que llamamos bautismo.
    La curación del ciego es progresiva. Primero ve a los hombres, después verá a Jesús. Luego reconocerá a Jesús como profeta. A continuación lo verá como Mesías y finalmente dará testimonio de Jesús sufriendo persecución por él.
    ¡Un ciego maravilloso! Patrono de los que buscan la luz. Sube obstinadamente hacia el misterio de Jesús, sin dejarse asustar por los que «saben», y bromeando con ellos cuando los demás tiemblan. Podemos leer una y mil veces el evangelio sin ver a Jesús. Desde el comienzo, Juan no deja de repetirlo: «La luz brilla en la noche, pero la noche no capta la luz» (Jn 1, 5). Ante el ciego que lo «ve» y los fariseos que lo miran sin verlo, Jesús se siente obligado a constatar lo que ocurre cuando él aparece: «Los ciegos ven y los que ven se hacen ciegos».
    ¡Pero yo sé! ¡Yo veo! No; «intentamos» ver. En cada página, día tras día. Somos ese ciego a quien Jesús da ojos para verlo. Hasta el último momento de nuestra vida, no dejemos de repetir la misma oración: «Jesús, que yo pueda verte».