PARROQUIA DE COLALAO DEL VALLE

PARROQUIA DE COLALAO DEL VALLE
Casa y Templo parroquial Ntra. Sra. del Rosario

lunes, 5 de diciembre de 2011

MENSAJE DE MONS. MARIANO MORENO GARCIA PARA ADVIENTO 2011

Prot. nº 078/2011
Cafayate a 25 de noviembre del 2011
MENSAJE DE ADVIENTO – 2011
AÑO DE LA VIDA Y DE LA FAMILIA
PRELATURA DE CAFAYATE
“La esperanza y espera como María”
Muy queridos TODOS: fieles de la Iglesia particular de la Prelatura de Cafayate:
Al acercarnos al final del Año Litúrgico del ciclo A/2010-2011, nuevas expectativas aparecen en nuestro sentir, pensar, programar y proyectar en nuestra vida.
Ha concluido el AÑO 2011, dedicado por el Santo Padre, Benedicto XVI, a la VIDA y completado, como condición de origen, con el de la FAMILIA, que la Conferencia Episcopal Argentina promovió, defendió y apostó por ella, por ser la institución, creada directamente por Dios, e insustituible para el desarrollo, crecimiento y evolución de la persona a través de LA VIDA y de LA FAMILIA.
Oraciones, lemas, sugerencias, reflexiones, aportes y cantos, sobre todo en las fiestas patronales, hemos compartido este año 2010 y 2011, desarrollado y comprometido en el doble fundamento de nuestra existencia: VIDA – FAMILIA. La vida y la familia siguen interrogándonos y apremiándonos para comenzar un nuevo Año Litúrgico con el TIEMPO DE ADVIENTO. Ha sido un año completo: 27 de noviembre del 2010 y 26 de noviembre del 2011. ¿Y ahora? Un nuevo año que se inicia con el tiempo litúrgico de Adviento, cuyo lema puede ser: “La esperanza y espera como María”.
Ante esta perspectiva dice el Papa Benedicto XVI: “el hombre está vivo mientras espera, mientras que en su corazón está viva la esperanza”. Nuestra espera, bien sea la primera, la venida del Hijo de Dios, cuando nació de María –que recordamos en la Navidad- bien sea la segunda, en el regreso glorioso cuando Jesús venga ‘a juzgar a los vivos y a los muertos’, está marcada por el sentido de nuestro vivir. “La espera, el esperar es una dimensión que cruza toda nuestra existencia personal, familiar y social”. Está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas hasta las más importantes. Será la espera de un hijo por nacer en la familia; será la espera para el joven ante una entrevista para un trabajo; será, finalmente, la espera de unas relaciones afectivas de encuentro de la persona amada, que en frase de San Agustín: “desea y quiere AMAR y ser AMADA”.
Aprendamos de María, la mujer del Adviento –nos dice el Papa-: “a vivir los gestos cotidianos con un espíritu nuevo, con el sentimiento de una ‘espera profunda que sólo la venida de Dios puede colmar”. ¡Y abramos la “PUERTA DE LA FE” (= “PORTA FIDEI”) para que el 11 de octubre del año 2012 iniciemos y completemos hasta el dia 24 de noviembre del 2013, ‘EL AÑO DE LA FE’, con la Solemnidad de Cristo Rey del Universo, que ya ha señalado Benedicto XVI.
Hermanas y hermanos con el cariño del amor y la esperanza les imparto la bendición de Pastor y Obispo.
 
+ Mons. Mariano Moreno, osa.
Obispo Prelado de la Prelatura de Cafayate

viernes, 7 de octubre de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (28° TO "A")

SOMOS TODOS INVITADOS

Para la mayoría de nosotros comer es mucho más que saciar una necesidad. Es un acto social, un tiempo de descanso, la ocasión de disfrutar algo placentero, entre otras cosas. Esto es aún más cierto en el modo típico y fastuoso de los proverbiales banquetes de Oriente, con su música, bebidas y danzas. Y tal es la imagen dominante de las lecturas de este domingo.

Si ahondamos en este símbolo descubrimos que el banquete es la transición entre el deber y la fiesta, entre la tarea y el descanso, entre lo que hay que hacer y lo que a uno le gusta hacer, entre el trabajo y al celebración. Sobre todo esa palabra es importante, porque la olvidamos fácilmente: para saber creer hay que saber celebrar.

Una expresión nos llama la atención en la primera lectura: el día del banquete es el día de las revelaciones; es el día en que se arranca "el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones."

Nosotros no asociaríamos espontáneamente comer y recibir una luz o revelación especial. La cosa suena más razonable en el contexto de los banquetes de los reyes. Mucha gente nunca podía ver al rey, o sólo lo veía de muy lejos. Un banquete era la ocasión única de ver el rostro del rey, que quedaba grabado en la memoria como un tesoro, pues la época no tenía ni muchos retratos fiables ni cámaras de fotografía.

Dios se revela en su banquete. Es el rey que hemos estado esperando, el que siempre hemos querido contemplar. Verlo a él, saciarnos en su belleza, saber que es verdad todo lo que nos prometió: todo ello es más valioso y delicioso que los mismos alimentos y bebidas. Y sin embargo, el banquete es todo eso a la vez.

El evangelio toma la misma idea con una variante: por razones que al principio se nos escapan los invitados no están interesados en ir a ese banquete, a pesar el banquete del rey. ¿Suena absurdo, no? Pero no es menos absurdo que nuestra negativa a acoger el amor de Dios que invita. Además, las excusas de los invitados indican que ellos estaban muy satisfechos con lo que tenían, y ese es el problema: la gente satisfecha ya no tiene apetito para comer. La conclusión es que el llamado al Reino, o sea, el llamado al Banquete, requiere que la gente tenga hambre, que sienta necesidad, que esté insatisfecha.

Luego está el detalle, probablemente agregado posteriormente, del que entró sin traje de fiesta. También esto suena absurdo, pero debe recordarse que la indumentaria era parte sobreentendida de la invitación, o como algunos comentaristas indican, era provista muchas veces por el mismo anfitrión. Aún otra interpretación es que el "vestido de bodas" era sencillamente "el mejor vestido," o sea, no la ropa de labor o ropa ordinaria. Cada una de estas interpretaciones conduce a enseñanzas alegóricas útiles, por ejemplo, que si Dios nos invita a él iremos no de cualquier manera, sino con lo mejor de nuestro corazón o lo más puro y brillante de nuestra fe.

domingo, 18 de septiembre de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (25° TO "A")

¿QUE DIOS SE PAREZCA A NOSOTROS O NOSTROS A DIOS?
(Mt 20, 1-16)

Nos cuesta entender que los caminos del Señor son distintos a los nuestros. Dios se presenta como un amo generoso que no funciona por rentabilidad, sino por amor gratuito e inmerecido. Esta es la buena noticia del evangelio. Pero nosotros insistimos en atribuirle el metro siempre injusto de nuestra humana justicia.
En vez de parecernos a él intentamos que él se parezca a nosotros con salarios, tarifas, comisiones y porcentajes. Queremos comerciar con él y que nos pague puntualmente el tiempo que le dedicamos y que prácticamente se reduce al empleado en unos ritos sin compromiso y unas oraciones sin corazón.
Con una mentalidad utilitarista, muy propia de nuestro tiempo, preguntamos: ¿Para qué sirve ir a misa, si Dios nos va a querer igual? Así evidenciamos que no hemos tenido la experiencia de que Dios nos quiere y no reaccionamos en consecuencia amándole también más por encima de leyes y medidas. Dios es gratuito.
Vemos absurdo y hasta injusto ser queridos todos por igual.
Olvidamos que la gracia ha sustituido a la ley. Necesitamos que existan los malos para podernos calificar de buenos. De esta forma, el amor al hermano se torna imposible.

domingo, 11 de septiembre de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (24° TO "A")

DOS CUESTIONES POCO LLEVADAS A LA PRÁCTICA
(Mt 18, 21-35)

El domingo pasado, el Señor nos pedía corregir al hermano que yerra, haciéndolo con caridad y siguiendo una serie de pasos. Hoy nos pide perdonar. Corregir y perdonar no es fácil y nunca lo fue. Lo saben muy bien aquellas personas que tienen una grave responsabilidad en la sociedad y la Iglesia. Lo saben los padres cuando constatan que aquello que sembraron en la niñez de sus hijos no tuvo efecto como se esperaba, lo saben todas aquellas personas que reciben una corrección y no la aceptan. En definitiva, corregir y perdonar requiere necesariamente de la ayuda de quien nos manda corregir y perdonar.
Que nos ayude las siguientes conclusiones nos ayuden a perdonar y corregir:
·         La parábola del siervo sin entrañas es sólo una forma de motivar el perdón en el perdón que Dios nos otorgó a los creyentes.
·         Los términos de la parábola son intencionadamente exagerados con una sola intención: contra el perdón nunca hay ni podrá haber nunca razones válidas.
·         El texto del Eclesiástico que acompaña al evangelio llama odiosa a la cólera que no perdona, y dice que el enojo es corrupción.
·         El que odia no conoce, porque la razón del perdón está más en el otro que en mí. El gran perjudicado del no-perdón no es el otro, sino yo que no perdono. El que no siente perdonar es porque vive fuera de la esfera de Dios, vive él la noche de su muerte.
·         También Pablo da una razón para el perdón: "No vivir para sí, sino para Cristo que murió por todos".
·         Creer es saber que Dios nos ama.
·         Sólo cuando un amor grande nos ama, somos capaces de reconocer que no lo merecemos.
 Señor dame poder perdonar y corregir y pídeme lo que mandes.

miércoles, 3 de agosto de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (19° TO "A")

¿SIENTES QUE TE PERSIGUEN? A QUE NO SABES QUE ES JESÚS

(Mt 14, 22 - 33)
Rugen tormentas y a veces nuestra barca parece que ha perdido el timon. Miras con miedo y no tienes confianza... Así cantamos en una consabida canción. ¡Qué antigua la canción y que actual es su letra!

Uno a veces vive pensando que los demas siempre estan hablando y mirando los defectos, errores y males de uno. Por ahí decimos que tal persona "tiene trauma de persecusión" o que la acosan miles de fantasmas al día. Hasta pensamos que todos están en contra nuestra y nadie está a nuestro favor. Pues bien, llenos de miedo, los discípulos pensaban que alguien los perseguía. Y sí, alguien los perseguía. Pero no era un fantasma: era el mismísimo Jesús.

Así lo expresa un predicador (Fray Nelson Medina op): "Hay muchas ocasiones en que uno siente que le están pasando cosas raras; pero no siempre las cosas raras son porque lo estén persiguiendo a uno los males, los bienes también lo persiguen a uno.
Jesús estaba persiguiendo, estaba buscando a los discípulos a través de una circunstancia extraña. ¿Cuándo se ha visto a alguien caminando sobre el agua? ¿Cuándo habían visto los discípulos a alguien caminando sobre el agua? Nunca. Jesús nos está persiguiendo, detrás del miedo violento y detrás de las circunstancias extrañas, Jesús nos está buscando, Jesús nos está persiguiendo. Así es como pensamos muchas veces: "Un fantasma, claro, ahí está, ¿no ve? Insisto, un fantasma, ¿se da cuenta, hermano? Un fantasma, y ahora ¿qué viene? Un problema una desgracia". ¿Por qué nos persigue un fantasma? ¿Por qué a nosotros, habiendo tantas barcas en el inmenso mar? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué el fantasma tuvo que venir contra nosotros? Porque detrás de lo que tú crees que es un fantasma, vengo Yo a ti (nos diría Jesús). Cristo te está buscando, Cristo te está persiguiendo. “A ver, padre, ¿usted de dónde saca que Cristo persigue a la gente?” Eso lo saco de los textos de San Pablo, San Pablo dice en la Carta a los Filipenses: “Yo me esfuerzo y corro, me apresuro detrás de Cristo, detrás del Señor, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo” (Filipenses 3,12). Hermano, Cristo te está persiguiendo y te va a alcanzar, ya casi te alcanza y te va a alcanzar. De ti depende en dónde quieres que te encuentre. "¿Cómo quieres que sea ese encuentro, suave o duro?" "Más bien suavecito". "Pues entonces, a través de la docilidad, a través de la obediencia, que no haya que insistir tanto, es más fácil así". Pero pensemos que nos puede pasar como a Pablo.  Pablo perseguía a Cristo para acabarlo, y Cristo perseguía a Pablo para salvarlo, ¡qué distinto! "¿Por qué me persigues?" (Hch 9,4) y Pablo no supo qué decir, no supo explicar por qué perseguía a Cristo. Porque si hubiera podido responder y hubiera sido sincero, hubiera tenido que decir: “Te persigo para acabarte", y Jesús hubiera tenido que decir: "Y yo te persigo para salvarte; tú me persigue porque me odias, y yo te persigo porque te amo".

Así que la enseñanza que hoy quiero compartir es esta: Cristo nos está persiguiendo; tal vez, a través de circunstancias extrañas, Cristo nos está persiguiendo; es mejor encontrarnos con Él en la suavidad y en la hermosura del abrazo de un amigo, pero no le quitemos el derecho a Cristo de perseguirnos a través de circunstancias muy raras e incluso nosotros podemos creer que son muy adversas. Cristo nos está persiguiendo. Dice, por ejemplo el evangelio de Juan: “El buen pastor si tiene cien ovejas y una se le pierde, deja a las noventa y nueve y busca a la que se le ha perdido”. Por eso nos persigue, por eso nos busca, porque nos ama y porque nos hemos perdido.

Gracias, Jesús, por buscarnos; gracias porque tu amor nos persigue. No permitas, Señor Jesús, que seamos tontos y que reneguemos de las circunstancias; no permitas que pensemos que eres un fantasma; no permitas, Señor, que hablemos mal de ti diciendo que eres un amigo que abandona.
Tú nos estás buscando, incluso a través de circunstancias extrañas; tú nos estás buscando, tú vienes a traernos la bendición y la paz. Te amamos, Jesucristo, bendito seas. Amén.

domingo, 31 de julio de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (18° TO "A")

  (Mt 14, 13-21: XVIII, TO “A”)

Dios es generoso, abundante en el ofrecimiento de su amor y gracia. Por el contrario nosotros somos escasamente generosos y mezquinos, y hasta interesados. Hemos de aprender, descubrir y contemplar el gran amor con que somos amados y beneficiados.
Así lo expresa un predicador: “Las tres lecturas de hoy repican como campanas de pascua el tema del amor abundante de Dios. Nuestro Dios no es tacaño ni mezquino; es generoso, más allá de todo lo que podemos imaginar o afirmar. Y tal es su munificencia que a menudo da sin cobrar”.
Si miramos a nuestro alrededor, descubrimos sin ser sociólogos, las consecuencias de la mezquindad de cada uno de nosotros. ¡Qué dolor e indignación nos embarga! Pero… si somos nosotros mismos los causantes de todo lo que nos indigna. El Evangelio de hoy es una invitación a la fraternidad, solidaridad y generosidad. No nos cansemos de ser solidarios, sacrificados y honestos que a su debido tiempo cosecharemos sus beneficios particulares. Cambiemos esta situación de injusticia, corrupción y egoísmo comenzando por nosotros mismos. Necesitamos urgentemente ser curados, iluminados y ayudados por Jesús, rico en misericordia y libre de todo pecado.
En los domingos pasados, el Señor Jesús había mostrado su enseñanza, sobre todo con parábolas. Y hemos escuchado cómo nos explica sobre el Reino de Dios, comparándolo con realidades sencillas de nuestra vida, realidades que sin embargo, se vuelven profundas en su boca. Hoy su enseñanza no es tanto con palabras, como con hechos. Esto nos invita a reconocer en Cristo a Alguien, que cuando habla, obra, y cuando obra, enseña. Cristo, cuando actúa trae una enseñanza, y Cristo, cuando predica, transforma.
Bien, ¿cuáles son las obras que hemos presenciado en el evangelio de hoy? La más evidente, la multiplicación de los panes. Pero no podemos olvidar, no podemos dejar de lado otras dos. Antes de multiplicar los panes, curó a los enfermos. Y antes de curar a los enfermos, sintió lástima. Antes de sentir esa compasión, se fue a un sitio tranquilo y apartado. En realidad, son cuatro obras, cuatro hechos de Jesús. Después de la muerte de Juan, se va a un sitio apartado. Allí, la gente lo busca y Jesús siente compasión; literalmente, dolor en las entrañas. Le duele la gente. Entonces, cura a los enfermos. Como en esa hora de misericordia ha avanzado la tarde y el día termina, completa esa obra de conmiseración con otra de piedad, dando alimento a aquellos mismos que había curado. O sea, que realmente Cristo ha hecho cuatro cosas con esta multitud. La ha llevado a un sitio tranquilo y apartado. Allí ha sentido compasión por ellos, les ha hecho percibir ese amor compasivo, y después los ha curado de sus enfermedades. Cuando ya han experimentado la compasión, cuando ya han encontrado la paz, cuando ya han sido sanados de sus males, entonces también los alimenta, "agrupándolos", -como dice otra versión de este milagro-, "en círculos de unas cincuenta personas". Así, permite que quienes eran simplemente una multitud, se conviertan en una comunidad. Por último, "recoge las cestas con las sobras, para que nada se pierda", como dice otra versión de este milagro.
Es decir, que lo que tenemos en el evangelio de hoy, es todo un retrato de la obra de Cristo. Eso es lo que Cristo hace con cada persona, es lo que Cristo quiere hacer con cada comunidad. Es lo que hizo con esta multitud, es lo que pretende, seguramente, con el mundo entero. "Se fue a un sitio tranquilo y apartado después de la muerte de Juan Bautista". La ciudad, lugar de crimen, queda así contrapuesta a este desierto, lugar de paz.
Acerquémonos, entonces, a este Cristo, Nuestro verdadero Rey. Que Él nos lleve a un lugar tranquilo y apartado, que Él pueda mirarnos y sentir compasión de nosotros. Porque mientras estamos en la ciudad, espejeándonos unos en otros y diciéndonos unos a otros que sí somos importantes, no aparece nuestra miseria. Pero cuando Cristo nos lleva a ese lugar tranquilo y apartado, cuando estamos a solas con Él, ahí sí aparece lo que realmente somos. Dejemos que Él nos bañe con su misericordia, dejemos que Él nos sumerja en su compasión, que Él entonces nos cure de nuestras enfermedades y que de sus manos benditas, el Pan Consagrado sacie nuestra hambre.

sábado, 2 de julio de 2011

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO (14° TO "A")

LA HUMILDAD ES HABITAR
EN LA VERDAD
(Mt 11, 25-30)

Podemos decir que el tema de las lecturas de hoy es la humildad; y desde luego, también su contraria, que es la soberbia.

Jesús nos invita a seguir su ejemplo de mansedumbre y de humildad. Y la lectura del profeta Zacarías, ya miraba con anticipación a Jesús como el rey humilde que escoge para entrar en la Ciudad Santa no el ruido ni la imponencia de un gran corcel, un caballo de guerra, sino la sencillez de un burrito, un animal de carga. Un hombre cercano a la casa y a la historia de los los pobres.

Así pues, tenemos que hablar de la humildad. Y lo primero que uno se pregunta es si uno está autorizado para hablar de humildad. Cuántas veces nosotros los sacerdotes nos desautorizamos para hablar de las virtudes, por ejemplo, para hablar de la humildad. ¿Cuántas veces habré contradicho yo esta virtud tan santa y tan necesaria? Por otra parte, ¿cómo enseñar, cómo predicar la humildad? Vivimos en un tiempo en el que prácticamente se ha canonizado al orgullo, y eso como que tiene sus ventajas hasta cierto punto, porque si una persona se siente orgullosa de lo que está haciendo, seguramente lo hace con más cariño, lo hace con más ganas.

¿LA HUMILDAD?
O sea que el tema de la humildad no es tan fácil, por esas dos razones. Primera, porque ¿en dónde encontraremos humildes que nos puedan predicar? Quizá yo mismo estoy desautorizado por muchas cosas, pero tengo que decir que tampoco conozco mucha gente autorizada. Y en segundo lugar, es difícil hablar de la humildad, porque la humildad tiene rostro como de complejo, una persona que está disminuida, una persona que oculta lo que puede hacer, una persona que esconde las capacidades, las cualidades que tiene. ¿Y así cómo va a haber liderazgo? ¿Y así cómo va a cambiar un pueblo? ¿Y así cómo se va a levantar un país? Y sin embargo hay que predicar sobre la humildad.

QUÉ NO ES SER HUMILDE?
Lo que nos enseñan estas reflexiones iniciales es que tenemos que cambiar nuestra idea de la humildad. La humildad no es una especie de timidez, porque una persona puede ser muy tímida y puede ser muy soberbia. Desde su timidez tiene una barrera, y desde esa barrera mira así al universo entero y juzga y condena. Una persona puede ser muy calladita, muy tímida y una montaña de soberbia. Así que humildad no es lo mismo que timidez. Humildad tampoco significa complejo de inferioridad. "A mí no me pregunten", "yo no sé", "yo no puedo", "que otro lo haga". De ese complejo de inferioridad se burló hasta la saciedad, se burló cruelmente un filósofo alemán, al que aludo con frecuencia, porque ese hombre marcó la historia del siglo XX, ese señor se llama Friedrich Nietzsche. Nietzsche se burlaba sangrientamente de la humildad de los cristianos, y decía: "Moral de acomplejados, "moral de esclavos", "moral de hipócritas". Estas dos, "moral de esclavos" y "moral de hipócritas", vienen del mismo Nietzsche. Nietzsche se burlaba de ese complejo de inferioridad, que si Cristo hubiera padecido ese complejo de inferioridad, no hubiera salido de Nazaret; hubiera dicho: "Yo como soy humilde, entonces yo aquí sigo el oficio de José, y yo aquí escondido..." La humildad no es complejo de inferioridad, ni la humildad es el simple ocultamiento, ni la humildad tampoco es otra cosa que a veces sirve de confusión: estar uno como recargado con un pasado, vivir uno recargado con lo que hizo en el pasado, y a veces hay gente en la familia o en la pareja que es experta en recordarle a los demás: "Usted no diga nada, porque usted..., porque usted..., y porque usted....", es decir, a hundir al otro con el peso del pasado. Eso no es humildad.

¿QUÉ SERA LA HUMILDAD?
Hay una frase que todo predicador tiene que citar, entonces yo la tengo que citar, la dijo Santa Teresa de Jesús: La humildad es un modo particular de habitar en la verdad, y la única manera que conocemos de crecer en la verdadera humildad es acercarnos a la verdad. O si se me permite tomar prestada una expresión de las ciencias jurídicas, es encaminarnos, es orientarnos hacia la verdad verdadera.

Me dicen que en el Derecho se utiliza esa expresión, porque cundo llegan a un juzgado cada uno tiene su verdad, ¿no? El acusado tiene su verdad, el testigo tiene su verdad, el fiscal tiene su verdad. Pero hay una verdad que es la verdad verdadera. Y la humildad parece que va por ahí. Es la búsqueda apasionada de la verdad verdadera, del fondo de verdad de los que nosotros somos, y de ese fondo de verdad surgen, como perlas preciosas, una serie de grandes luces que nos ayudan a descubrir el rostro hermosos de la humildad.